La llama de Juvencio Nava

¡Diles que no me maten! es uno de los muchos cuentos de la colección Llano en llamas de Juan Rulfo. En general, leer Rulfo, quiere decir enfrentarse a una realidad sin filtros, proyectarse en situaciones de vida y acontencimientos llenos de realismo, casi siempre trágico. Este aspecto no depende de una precisa intención del autor, sino de una espontánea narración de lo vivido, de todo lo que ha rodeado su vida.
Rulfo es un personaje muy pensativo, hogareño, en algunos momentos depresivo, con un pasado muy difícil. Su personalidad, plasmada por una realidad difícil y tantos eventos tristes, se refleja por lo tanto en sus escritos. El resultado son historias ambientadas prevalentemente en el campo, o en general en realidades rurales, con personajes que pertenecen a las clases más bajas de la sociedad o que han decaído de una posición social favorable.
El esquema típico de sus cuentos nos muestra una realidad de por sí difícil en donde un evento trágico (muchas veces relacionado a la naturaleza) rompe un equilibrio muy frágil y lleva a tristes conclusiones, ya sea tangibles o imaginables.

En el específico, el cuento ¡Diles que no me maten! repite este esquema, con una sequía que deja los que sobreviven del ganado sin posibilidad de salida. Los personajes no son los clásicos pobres sin esperanza, son presumiblemente hacienderos decaídos y parecen no tener esa típica tristeza innata, sino un rencor por todo lo perdido.
 En el desarrollarse de los eventos vemos Juvencio que para sobrevivir llega a invadir los campos de Don Lupe, cuya única suerte es tener campos ricos de yerba, sangre vital para los animales de Juvencio, ya que el mismo vecino se rechaza a dejar que sus animales pazcan y vivan. En un mundo hecho de lucha para la sobrevivencia, de ricos decaídos rencorosos, Don Lupe no comprende las exigencias más espontáneas de un ser humano (invadir el campo era la única manera de sobrevivir para Juvencio) y después de varias amenazas mata a un borrego como advertencia. En el cuento este acontecimiento representa el casus belli que despierta toda la rabia, el rencor y la parte más primitiva de Juvencio el cual, no sólo mata a Don Lupe, sino se deja a violencias sobre el cuerpo de su vecino.
Una vez cumplido el delito la vida Juvencio es un huir continuo, un huir sin importar todo lo demás, un huir por las solas ganas de sobrevivir. Esta llama que arde lo acompañarán hasta el último día de su vida, cuando después de tantos años el hijo de Don Lupe, un militar, logra encontrarlo y matarlo.
Este aspecto es, sin duda, el más sorprendente: en un mundo hecho de tanta tristeza, en donde frente a tantas tragedias muchos prefirirían la muerte a la vida infernal, Juvencio sólo quiere su tranquilidad y su vida y la quiere a pesar de que ya sea viejo e impotente.
Es difícil entender las razones más profundas de este anhelo por la vida, seguramente el pasado de Jevencio, de quien se sabe poco juega un rol muy importante en su personalidad. A diferencia de otros cuentos éste, pero, tiene una fuerza propia y una esperanza que casi permite olvidarse de la crudeza de los eventos.

Comments

  1. Hola Massimo! También concuerdo con que los cuentos de Juan Rulfo son un vistazo a la realidad de las personas de baja clase social o provenientes de las zonas rurales de México. En mi opinión, en el pensamiento colectivo se tiene una imagen demasiado simplificada de "los pobres". Sobretodo en México se tiene la concepción de que ser pobre es igual a ser flojo y que si se dejara de ser flojo se dejará de ser pobre. Pero las historias de Rulfo nos recuerdan que este no es el caso que las vidas de las personas en las zonas rurales llegan a ser mucho más complicadas que las nuestras.

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  2. Sí, típica visión clasista y capitalista de la sociedad: "Si le echas ganas, pues saldrás bien". Desafortundamente la realidad no es tan sencilla. Y Rulfo evidencia todas las dificultades de los más débiles.

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